Cuando hablamos de ahorrar, lo primero que a la mayoría se nos viene a la cabeza es dejar de salir, comprar siempre lo más barato y renunciar a cualquier cosa que le guste.
Planteado así, suena demasiado.
Trabajar toda la semana para después sentirte culpable por ir a cenar no parece el mejor plan.
Por eso, el concepto de ahorrar yo lo entiendo de otra manera:
Utilizar mejor tu dinero para que te sobre siempre algo a fin de mes sin quitarte aquello que realmente disfrutas.
A veces requiere gastar menos. Otras, ganar más o dejar de pagar cosas que contrataste hace años. O preocuparse de los impuestos.
Con este artículo en el que te cuento las opciones y lo que hago yo, cerramos la serie sobre cómo invertir desde cero. Porque antes de elegir dónde invertir conviene conseguir que quede algo disponible y mantenerlo requiere un sistema sostenible que te aporte más del esfuerzo que te supone.
Para ahorrar tienes tres opciones
La cuenta es sencilla: a tus ingresos les restas los gastos y los impuestos que correspondan. Lo que queda es tu margen, tu capacidad de ahorro. Apréndetela porque, probablemente, es la cifra más importante de todo esto.
Dicho esto, para aumentar tu capacidad de ahorro puedes actuar sobre cada una de las partes:
- Sobre los ingresos.
- Sobre los gastos (fijos y variables)
- Tu fiscalidad.
Para lo primero puedes desarrollar una habilidad, negociar condiciones o crear una nueva fuente de ingresos. En cómo ganar dinero extra explico esta última parte, así que aquí nos centraremos sobre todo en conservar más de lo que entra.
Para lo segundo, que es lo que vamos a hablar aquí, puedes por ejemplo cancelar una suscripción que no usas o revisar el contrato de algún seguro.
Mejorar legalmente tu situación fiscal puede aumentar el dinero que conservas y, aunque depende de tus circunstancias, en muchas ocasiones hay margen para hacerlo.
Antes de recortar, averigua en qué se te va el dinero
Ya te expliqué en este artículo de cómo empezar a invertir, que lo primero es analizar los gastos, así que no me voy a repetir, simplemente te dejo un resumen.
Tienes dos opciones: analizar el extracto de todas tus cuentas bancarias durante un año o comenzar a apuntar todos tus gatos en una App o Excel. El presupuesto comienza mal cuando se construye sobre lo que creemos gastar, que siempre es menos que la realidad.
Un mes permite conocer hábitos, pero no todos los gastos. Por eso siempre recomiendo la primera opción para localizar seguros, impuestos, mantenimiento y otros pagos irregulares. Un seguro anual de seiscientos euros representa cincuenta euros mensuales que necesitas reservar, aunque el banco te los cobre de golpe.
Después separa los gastos fijos de los variables. Los primeros se repiten por un compromiso previo mientras que los segundos cambian con el consumo.
Separa también los imprescindibles de los no necesarios, que no es lo mismo que lo anterior: una suscripción suele ser fija pero prescindible, mientras que la alimentación o la gasolina son variables e imprescindible. Mira cuánto suman cada uno de estos bloques y sobre todo, fíjate en una cosa de los que no son necesarios: qué recibes a cambio en cada caso.
Solo cuando tengas esto claro, estarás en situación de decidir dónde recortar.
Cómo organizar un presupuesto y elegir un método de ahorro
Con los datos delante, el presupuesto sirve para repartir tus ingresos entre necesidades (incluye pagos futuros), disfrute y ahorro. No tiene que ser perfecto, sino realista y flexible: si siempre te quedas corto en lo asignado en alimentación, probablemente necesites corregir esa partida, no puedes pelear cada mes contra la inflación.
Hay distintos métodos que, en realidad, son parecidos en la base. Por eso puedes combinarlos para conseguir uno que te resulte cómodo:
| Método | Cómo funciona | Qué conviene tener en cuenta |
| Regla 50/30/20 | Orienta el reparto hacia un 50% de necesidades, un 30% de deseos y un 20% de ahorro | Las proporciones pueden no encajar con tu sueldo o vivienda |
| Presupuesto de base cero | Asignas una función a todo el ingreso, incluido el ahorro. Es decir, no hay margen sobrante | No significa dejar la cuenta vacía (puedes dejar ahí una partida): significa planificar el destino |
| Sobres o categorías | Separas cantidades para compras, ocio, recibos u objetivos | Puedes hacerlo con cuentas, apartados o una hoja de cálculo |
Dependiendo donde residas, tu alquiler puede consumir gran parte del sueldo y la regla 50/30/20 no aplica. Utiliza estas divisiones como referencia y adapta el presupuesto a tu realidad.
También conviene distinguir entre ahorrar y reservar dinero para gastar después. Lo que apartas para el seguro del coche evitará un susto cuando llegue el recibo, pero no estará disponible para invertir.
Esa separación ayuda a no confundir un saldo alto con dinero que puedes utilizar para gastar libremente. Por eso, tenerlo previsto de antemano en otra cuenta funciona tan bien.
Ahorro automático: apartar dinero antes de gastarlo
Seamos claros: esperar a final de mes para guardar lo que sobre es un sistema de ahorro malísimo. Por eso, una vez que has analizado tus gastos y sabes cuánto necesitas para vivir y atender los pagos previstos, es preferible separar una cantidad en el mismo momento en que cobras,
Puedes organizarlo con una cuenta para el día a día, otra para emergencias y otra para objetivos o gastos irregulares, por ejemplo. En mi caso tengo cuentas separadas, un colchón de emergencia y transferencias automatizadas para las inversiones. El sistema no depende de que me acuerde.
Empieza con una cantidad que puedas mantener. Si has hecho bien el análisis, no entrás que recuperarla después para pagar la compra. Si no has hecho bien estos cálculos, tocará ajustarlos.
Si eres autónomo y cuentas con ingresos variables, puedes combinar una cantidad pequeña de base mensual con aportaciones adicionales cuando cobres más, evitando automatizar una transferencia que te deje en descubierto.
Para estimar el colchón de emergencia necesario, no tienes más que multiplicar los gastos mensuales necesarios por el número de meses adecuado, menor si vives solo y mayor si tienes hijos. En cualquier caso, la horquilla estará entre 6 y 24 meses, siendo 12 un punto de partida adecuado casi siempre.
Ese colchón te permitirá dormir tranquilo, ya que tienes cubierta la posibilidad de seguir gastando lo necesario aun cuando te quedaras de la noche a la mañana sin ningún tipo de ingresos.
Cómo ahorrar dinero con un sueldo bajo
Con un sueldo bajo, lo primero es comprobar si cubres vivienda, comida, suministros y transporte necesario. Si casi todo se va ahí, no vas a resolverlo cancelando una plataforma de películas. Habrá que valorar cómo mejorar ingresos, revisar gastos importantes cuando sea viable o acceder a ayudas que te correspondan.
Tampoco tiene sentido imponer un porcentaje de ahorro que no puedas cumplir. Una cantidad pequeña puede ayudarte a crear margen si puedes apartarla, pero recuerda que lo primero es el colchón de emergencias y que los gastos previstos futuros (IBI, seguros…) no se pagan con este colchón.
Lo que sí que puedes hacer es comprobar tus deudas. Si, parte de la hipoteca, tienes deuda cara, revisa intereses, cuotas y págala antes de plantearte ahorrar. Lo importante es mejorar el conjunto de tu patrimonio (capital, activos y deudas), sin comprometer los pagos próximos.
Cómo ahorrar en casa y en la compra
Vamos a meternos con lo que realmente cuesta más. Y es que, nuestros hábitos aquí no nos lo pondrán fácil.
Revisa los gastos recurrentes y las comisiones
Empieza por vivienda, suministros, telecomunicaciones, suscripciones y seguros, porque una mejora mantenida tiene efecto cada mes. Una rebaja de veinte euros mensuales en un servicio equivalente ahorra doscientos cuarenta al año sin estar pensando continuamente en el gasto..
Comprueba qué utilizas o disfrutas. Una suscripción de 10 euros suma 120 al año. Si la disfrutas, te compensa. Si la abres un mes al año para ver la nueva temporada de Juego de Tronos, lo mismo no lo hace.
Quizá con Amazon Prime -por eso de las compras sin gastos de envío- tienes material más que suficiente para el rato de tele que ves cada día y no necesitas añadir Netflix y HBO. O quizá prefieras decantarte por AppleTV y sus magníficas series de ciencia-ficción. Con el catálogo de cualquiera de estas plataformas tienes AÑOS de ocio. Exprimelo.
Como idea, también puedes rotar cuentas y darte de alta un mes en cada plataforma para ver la(s) serie(s) que quieres en un atracón y dejar de pagar cuando no las usas.
Revisa también los cargos anuales, que no aparecen en una búsqueda de tres meses.
En el banco, mira las comisiones y las condiciones necesarias para evitarlas. Si tienes tu nómina allí, no deberías pagar ninguna.
En casa, compara tarifas de luz e internet. Piensa si es posible bajar la potencia o coger una oferta más adecuada de fibra más móvil.
Con los seguros, revisa coberturas, capitales, exclusiones, franquicias y posibles duplicidades. Un mes antes de la fecha de renovación, compara tarifas. Renovar con tu compañía con una oferta en la mesa de la competencia puede ahorrarte un 10% tranquilamente.
En alimentación, planifica lo que vas a consumir
Una lista basada en lo que tienes en casa antes de ir al súper evita comprar de más o tirar comida por fecha. También ayuda comparar el precio por kilo o litro: aunque suele, el envase grande no siempre sale mejor si acabas desperdiciando una parte.
Planificar lo que vas a comer y cenar cada semana también ayuda, excluyendo los días que lo harás fuera. Y, si ya haces el esfuerzo extra y calculas lo que te cuesta cada comida te sorprenderás.
Quizá, así, de golpe, creas que gastarse 200€ al mes en alimentación por persona es mucho, pero dividido entre 30 días nos deja un gasto diario de 7€. Es decir, 3€ para comer, otros 3 para cenar y 1 para desayunar. Ahora piensa que compras con eso y lo mismo amplías tu partida de alimentación un 50% más.
Para rebajar el coste de la cesta siempre tienes la ofertas, los productos con fecha próxima y aplicaciones como Too Good To Go, que funcionan bastante bien.
El deporte, ese gran olvidado
Hasta ahora, porque últimamente veo que la cosa está cambiando -y me alegro-, uno de los principales damnificados cuando se trata de ahorrar es la cuota del gimnasio.
Sí, porque, si puedo salir a correr, para qué pagar el gimnasio.
Error. O error a medias, por lo menos. Entrenar fuerza es imprescindible por muchos motivos que no vienen al caso. Y correr, patinar o jugar al fútbol no lo sustituyen.
La alternativa más low cost que conozco es comprarte un banco como éste y un par de sets de mancuernas con discos suficientes. Por unos 200€ ya podrás entrenar todos los grupos musculares y el espacio que ocupa, por ejemplo entre la cama y la pared, es irrisorio.
Y si encimas complementas eso con correr, podrás seguir estando muy en forma sin pagar los a partir de 30€ mensuales que te cuesta un gim normalito.
Lo importante aquí es que no descuides tu salud por ahorrar algo. Recuerda el título del articulo: Cómo ahorrar… sin vivir peor.
Mira el coste completo de comprar y financiar
Antes de financiar nada, compara la TAE, el importe total y las condiciones con el pago al contado.
Hay financiaciones realmente gratuitas, pero otras solo parecen pequeñas porque te enseñan la cuota nada más y no los añadidos.
Con las tarjetas, comprueba si pagas todo el saldo o lo aplazas. No uses una revolving jamás.
Y luego antes de realizar una compra grande yo tengo un truco, dos preguntas útiles:
- La primera es qué otra cosa podría hacer con ese dinero. O cuando me generaría invertido.
- La segunda es cuántas horas de trabajo representa: unas zapatillas de ciento veinte euros equivalen a quince horas si ganas ocho euros netos por hora -ese es otro melón, el del precio neto por hora, sobre todo si incluyes transporte, pero lo dejamos para otro día-.
Y comparo ambas respuestas con el placer -las necesidades no entran aquí- que creo que me proporcionarán.
Y la balanza siempre tira para alguno de los dos lados.
Profundicemos un poco más aquí porque merece la pena.
Minimalismo: quedarte con lo que de verdad te aporta
Quizá estoy influido por la mudanza que tendré que acometer en unos meses, pero cuanto más lo pienso, más me gusta el minimalismo.
Y es que creo que, llegada a cierta edad y habiendo pasado por mis manos muchísimas cosas materiales que creía necesitar -o, por lo menos, querer- en cada momento, nunca he valorado tanto como ahora el espacio.
Y no se trata de una casa vacía, sino de quedarme con lo que necesito o disfruto y dejar de guardar cosas por costumbre o por el precio que te costaron. Cada objeto requiere de espacio, limpieza, mantenimiento y atención, además del dinero que costó.
Por eso, actualmente, pienso bastante antes de comprar y voy deshaciéndome de lo que no utilizo. Ganar más no cambia esa forma de vivir, si acaso, me reafirma. Cuando puedo comprar algo que me interesa y aun así no lo hago, entiendo mejor no solo lo que me aporta, sino lo que me resta. De nuevo, la balanza decide.
Esta mentalidad puedes desglosarla en cuatro hábitos:
- El primero es preguntarte por qué: qué necesidad resuelve la compra o por qué sigues pagando un servicio.
- El segundo es revisar tu tiempo, porque ahorrar cinco -o cincuenta- euros puede no compensar una tarde de desplazamientos y gestiones. Tu tiempo siempre es el recurso más valioso.
- El tercero es aprender a decir que no a compras, compromisos y planes que aceptas por inercia.
- El cuarto es hacer una cosa cada vez: revisar una compra con calma cuando tienes realmente tiempo para dedicárselo permite comparar lo necesario, en vez de decidir mientras contestas mensajes y saltas entre ofertas.
Eso no implica cuestionar cada café. Yo prefiero dedicar esa atención a gastos importantes y recurrentes y gastar con tranquilidad en lo que me aporta.
Salud, alimentación, vida social, formación útil y herramientas que utilizas mucho son cosas en las que no me importa demasiado gastar, porque me aportan.
Un coche o una casa de 180 metros cuadrados en el centro, no tanto.
Tu presupuesto tiene que encajar lo mejor posible con tu vida.
La cartera invisible: el dinero y recursos que conservas al decir que no
Hay decisiones que no aparecen como ganancias: una deuda que no asumiste, una compra que no hiciste o una inversión que descartaste porque no encajaba contigo. No puedes asignarles una rentabilidad inventada, pero sí reconocer que han evitado comprometer recursos.
Yo he rechazado inversiones por comodidad y simplificación: aunque pudieran resultar interesantes, no las veía dentro de mi cartera a largo plazo. Tener más posiciones no siempre mejora el conjunto -de hecho, muchas veces lo empeora- y añadir algo supone también entenderlo y seguirlo.
Además, también rechacé entrar como inversor en una empresa estupenda y muy solvente con la que había colaborado. Estaba creciendo en diferentes líneas de negocio y necesitaba personas que las lideraran. Tenían caja, mi aportación habría sido principalmente trabajo, así que era una gran oportunidad de conseguir ingresos importantes (seis cifras) en un par de años.
Pero mi situación había cambiado. Con mi hijo, unos horarios diferentes y el cansancio acumulado, preferí priorizar otras cosas. Reservar recursos para mi familia y otros proyectos propios porque la dedicación que exigía, aunque no fuera demasiado elevada, no encajaba con mi vida.
Este segundo caso no es ahorro monetario, pero recuerda algo importante: para ganar más puedes tener que gastar tiempo y energía que también valoras. En riesgos y garantías de invertir hablamos de proteger el dinero. Al decidir, también conviene mirar qué otros recursos comprometes.
Pagar menos impuestos legalmente también te permite ahorrar
La fiscalidad importa porque el dinero que conservas depende tanto de lo que generas como de lo que debes pagar. Por eso, siempre merece la pena revisar las deducciones y reducciones aplicables a tu situación. Si eres autónomo, también los gastos de tu actividad que cumplen las condiciones para ser deducibles. Comprar algo innecesario para deducirlo sigue siendo gastar dinero.
En inversión, conviene distinguir entre reducir impuestos y aplazarlos. Para una persona física residente fiscal en España, determinados traspasos entre fondos permiten cambiar de fondo sin computar en ese momento la ganancia o pérdida, si se cumplen los requisitos de la Agencia Tributaria. Esa ventaja no se aplica con carácter general a los ETF. El impuesto se difiere, no desaparece.
Los planes de pensiones pueden permitir reducir la base imponible mediante aportaciones dentro de los límites aplicables, pero el rescate tributa como rendimiento del trabajo. El beneficio final depende de tu situación al aportar y al recuperar el dinero, además de costes y condiciones de disponibilidad. No es una rentabilidad garantizada equivalente a lo que te ahorras hoy.
Por eso no elegiría un producto solo por pagar menos en la próxima declaración. En los vehículos de inversión tienes el contexto para entender qué estás contratando. Si el importe merece la pena, una revisión profesional puede ayudar más que aplicar un supuesto truco fiscal sin comprobarlo.
Y bueno, aparte de esto, siempre tienes otras formas y estructuras legales de constituir y articular tu actividad y tus ingresos que harán que, a cambio de esfuerzo -planificación, gestión- pagues menos impuestos de los que te tocaría si no te planteas el cambio.
Conclusiones: por dónde empezar para ahorrar dinero
Entonces, con todo lo que te he contado, de qué forma empezaría yo a ahorrar.
Pues lo primero sería revisar mis gatos del último año. Después ajustaría los gastos, los necesarios también, pero sobre todo los deseables. Y con esa información prepararía un plan de ahorro sencillo y separaría una cantidad sostenible al cobrar, ejecutada con transferencias automáticas.
Una vez cubierto mi colchón de emergencia, ya es cuando comenzaría a invertir, como explico en mi sistema de inversión. Y revisaría el presupuesto cuando cambien mis ingresos o mi vida, sin convertir cada mejora económica en un nuevo gasto fijo.
Con el tiempo, ese margen de ahorro te ayudará a construir y proteger tu patrimonio. Pero también puede servir para afrontar un imprevisto o trabajar menos, o incluso nada.
Y es que, para mí, ahorrar tiene sentido cuando aumenta estas posibilidades, me proporciona opcionalidad mientras te permite seguir gastando en lo que disfruto, sabiendo que puedo hacerlo porque detrás hay un sistema que lo soporta.
Siguientes pasos
Si quieres avanzar un poquito más, te invito a que continúes con el siguiente artículo de la serie:
- Invertir desde cero: dónde invertir tu dinero.
- Tipos de activos en los que puedes invertir según su función en la cartera.
- Cómo comprar activos: los vehículos de inversión.
- Plataformas de inversión: dónde comprar vehículos o activos de inversión.
- Riesgos y garantías de invertir.
- Mi sistema de inversión.
- Patrimonio: cómo aumentarlo, protegerlo y legarlo.
Y los extras:
- Cómo comenzar a invertir: los pasos imprescindibles.
- Cuándo comenzar a invertir.
- Cómo ganar dinero extra.
- Cómo ahorrar dinero.
Preguntas frecuentes
¿Cómo puedo ahorrar dinero sin dejar de hacer lo que me gusta?
Empieza por los gastos que no disfrutas o que mantienes por costumbre. Una suscripción que apenas utilizas, unas comisiones bancarias o un servicio que tienes sobredimensionado son mejores candidatos que esa cena semanal que te encanta. La idea es revisar qué recibes a cambio de tu dinero y recortar donde menos te afecte, dejando sitio en el presupuesto para lo que sí te aporta.
¿Cuánto dinero debería ahorrar cada mes?
Depende de lo que ingreses, de tus gastos necesarios y de tu situación. El 20% de la regla 50/30/20 puede servir como referencia, pero no tiene sentido perseguirlo si después necesitas tirar de tarjeta para comprar comida. Yo calcularía primero el margen real y automatizaría una cantidad sostenible. Si tus ingresos aumentan, puedes subirla antes de acostumbrarte a gastar todo el nuevo sueldo.
¿Cómo empiezo a ahorrar si tengo un sueldo bajo?
Comprueba primero cuánto se va en lo imprescindible. Si vivienda, alimentación y transporte consumen casi todo, el problema no se resuelve únicamente dejando de comprar pequeños caprichos. Puedes revisar contratos y gastos prescindibles, pero también tendrás que valorar cómo mejorar los ingresos. Si consigues apartar una cantidad pequeña sin comprometer lo necesario, te servirá para empezar a construir un colchón; no hace falta que el primer mes sea espectacular.
¿Es mejor ahorrar al cobrar o esperar a final de mes?
Yo prefiero hacerlo al cobrar, una vez que sé cuánto necesito para los gastos y pagos previstos. Así el ahorro tiene una cantidad asignada y no depende de lo que haya sobrado después de todas las compras del mes. Eso sí, automatizar no significa olvidarte de las cuentas: si tienes que recuperar ese dinero continuamente, toca ajustar el importe o revisar el presupuesto.
¿Necesito varias cuentas para organizar mis ahorros?
No es obligatorio, pero separar el dinero ayuda a distinguir lo que puedes gastar de lo que ya tiene un destino. Puedes tener una cuenta para el día a día, otra para emergencias y otra para gastos previstos u objetivos. También sirven los apartados que ofrecen algunas entidades. Lo importante es que no confundas el dinero reservado para el seguro del coche con dinero disponible para irte de vacaciones.
¿Qué diferencia hay entre el colchón de emergencia y el dinero para gastos anuales?
El colchón cubre imprevistos o una interrupción de tus ingresos. El seguro, el IBI o una revisión programada del coche son gastos que sabes que llegarán, aunque no los pagues todos los meses. Por eso conviene reservar para ellos por separado. Si cada recibo anual te obliga a utilizar el colchón, probablemente te falte incluir esos pagos en el presupuesto.
¿Qué revisaría primero para reducir gastos?
Los gastos recurrentes, porque una sola decisión puede tener efecto durante todo el año. Miraría suscripciones, telecomunicaciones, comisiones y seguros, comprobando tanto el precio como lo que incluyen. Después revisaría hábitos de compra y desperdicio. No cancelaría un servicio útil solo porque sea caro: lo compararía con alternativas y con el valor que me aporta.
¿Comprar lo más barato es siempre una forma de ahorrar?
No. Algo barato que no utilizas, se estropea pronto o no resuelve lo que necesitas puede salirte bastante caro. Yo miraría el coste completo y el uso que vas a darle. En una herramienta con la que trabajas todos los días puede compensar pagar más; en un objeto que usarás una vez, quizá tenga más sentido pedirlo prestado o comprarlo de segunda mano.
¿Cómo sé si una compra me compensa?
Antes de una compra importante, pregúntate cuánto la vas a utilizar, qué te aporta y qué otra cosa podrías hacer con ese dinero. También puedes traducir el precio a horas de trabajo, que ayuda a verlo de otra manera. No se trata de justificar cada café, sino de dedicar algo de atención a las decisiones que comprometen más dinero o generan nuevos gastos fijos.
¿Hace falta llevar una vida minimalista para ahorrar?
No, pero comprar con más intención puede ayudarte. Para mí, el minimalismo consiste en quedarte con lo que necesitas o disfrutas y dejar de acumular por costumbre. Puedes gastar en tus aficiones y ahorrar al mismo tiempo. La diferencia está en elegir qué quieres mantener, en lugar de comprar algo solo porque puedes pagarlo o porque está de oferta.

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