Volver a ver Alias más de veinte años después tiene algo curioso: te retrotrae a una época donde las series se hacían para la televisión y no para el streaming.
La estética, el montaje, la música, las coreografías, los disfraces y hasta la forma de construir los episodios con los cliffhangers internos ajustados a las pausas publicitarias la colocan directamente a principios de los 2000.
Otras series de aquellos años, como Battlestar Galactica, que estoy revisitando actualmente, producen una sensación parecida cuando las recuperas hoy: técnicamente se nota el tiempo transcurrido, pero eso no impide que sigan funcionando, si en su momento lo hicieron.
En el caso de Alias, además, hay otro punto interesante. Viéndola ahora resulta bastante fácil reconocer muchas de las cosas que J. J. Abrams utilizaría después en Perdidos: misterios, cliffhangers, conspiraciones y personajes cuyo pasado acaba siendo más trascendente de lo que aparentaba.
La primera vez que la ves, muchos de esos trucos funcionan de maravilla y consiguen que veas inmediatamente el siguiente episodio. En un revisionado ya los ves venir bastante antes, pero es parte de la personalidad de la serie.
De qué va Alias
Sydney Bristow, la prota interpretada por Jennifer Garner, cree que trabaja para SD-6, una división secreta de la CIA. Pero descubre que dicha organización no tiene nada que ver con la agencia estadounidense y que, de hecho, forma parte de aquello contra lo que supuestamente estaba luchando.
A partir de ahí comienza a colaborar con la verdadera CIA como agente doble, tratando de desmontar SD-6 desde dentro mientras mantiene una vida aparentemente normal fuera del trabajo.
Una premisa sencilla y manida, pero Alias empieza relativamente pronto a ampliar el campo de juego.
Aparece un poco de todo: otras organizaciones clandestinas, más agentes dobles, secretos familiares, relaciones sentimentales, traiciones y una mitología alrededor de Milo Rambaldi, un inventor del Renacimiento cuyos escritos y artefactos parecen anticipar descubrimientos científicos con siglos de antelación.
La serie mezcla todo eso sin ningún complejo. Y, curiosamente y pese a cómo suena, lo cierto es que funciona.
A veces estás viendo una misión de espionaje, cuyo final desemboca en un drama familiar, no sin antes (tratar de) explicar por qué un señor del siglo XV diseñó un dispositivo del futuro.
Si lo analizas con calma, está claro que hay mucho culebrón y no te la puedes tomar mínimamente en serio, sobre todo por las innumerables cuestiones inverosímiles. Pero la ves.
¿Por qué? Pues el truco es que los personajes tienen suficiente carisma para que aceptes el conjunto.
El estilo J. J. Abrams ya estaba aquí
Como te decía en la intro, buena parte de lo que después asociaría con Perdidos ya aparece claramente definido en Alias.
Los cliffhangers son probablemente el ejemplo más evidente. Muchos capítulos terminan exactamente en el punto necesario para que quieras ver el siguiente y la serie entiende bastante bien cómo dosificar información para mantenerte enganchado.
También utiliza mucho otro recurso que Abrams repetiría después: comenzar el episodio en mitad del problema.
Sydney está en una situación complicada, algo ha salido mal durante una misión o parece que alguien va a morir. Entonces volvemos unas horas atrás y empezamos a reconstruir el camino que nos ha llevado hasta ese momento.
Este formato engancha siempre la primera vez que lo ves, porque no te sabes la sorpresa. A cambio, en posteriores ocasiones, cuando ya conoces el final, lo cierto es que funciona peor, pero, sinceramente ¿cuántas personas van a ver esta serie más de una vez en su vida?
Pues eso.
El ritmo también ayuda. Alias va rápido y sabe alternar escenas de acción con momentos más personales en un mix adecuado. Nunca sientes que una escena sobra. Las coreografías cumplen bien para su época y las misiones tienen suficiente variedad para que el esquema no se vuelva aburrido enseguida.
Para que entiendas mejor a qué me refiero, te diré que tiene bastante de Mission: Impossible en este sentido, aunque obviamente, no juega en la liga de las grandes producciones cinematográficas.
Además, esa mezcla particular de géneros que en otras manos podría suponer un problema, Abrams la maneja con acierto, siendo realmente el distintivo principal de la serie. Espionaje, aventuras, romance, culebrón familiar y ciencia ficción conviven cordialmente en su universo como buenos vecinos, sin avasallamientos. Está claro que Alias no se avergüenza de lo que es.

Sydney Bristow y unos personajes chulos
Gran parte de la serie descansa sobre Jennifer Garner y su Sydney Bristow.
Sydney es guapa, fuerte, inteligente, buena persona, competente y fiel a los suyos. Vamos, la novia que todos querríamos. Está bastante idealizada y acumula demasiadas virtudes para resultar creíble, pero Garner tiene suficiente carisma para venderte el personaje.
Además, Sydney evoluciona.
Mediante las misiones y, sobre todo, a través de las distintas relaciones que mantiene con sus amigos, compañeros, parejas y familiares. La serie permite ver lados diferentes del personaje y siempre sigue pareciendo la misma persona.
La relación con Vaughn, el principal prota masculino, funciona especialmente bien. Evidentemente hay química entre Jennifer Garner y Michael Vartan, pero no depende únicamente de eso.
Las circunstancias a las que se enfrentan cada uno a lo largo de la serie afectan a sus decisiones y esas decisiones tienen consecuencias para la relación. El resultado es una relación creíble, pese a estar dentro de un universo tan ficcional que tenemos.
Jack Bristow, padre de Sidney y también agente secreto, es otro de los grandes aciertos.
La disparidad entre su faceta de padre y la de agente secreto hace que resulte muy atractivo. Es frío, calculador y da la sensación de ser capaz de prácticamente cualquier cosa, pero al mismo tiempo muchas de sus decisiones nacen de su necesidad de proteger a Sydney. Precisamente porque nunca sabes exactamente dónde está su límite, te crees que sea capaz de hacer cualquier cosa en cualquier momento.
Sloane funciona de una forma parecida como antagonista. Tiene sus altibajos y su obsesión es brutal, pero mantiene el interés durante toda la serie. Es inteligente, manipulador y siempre esconde un as bajo la manga. Es el antecesor de Ben Linus en Perdidos.
Y luego está Marshall, que básicamente es el Q de James Bond en Alias. Es el especialista tecnológico que aparece con el cacharro de turno, explica cómo funciona y sirve para rebajar un poco la tensión. El personaje es bastante obvio y típico, pero, tanto por aspecto como por personalidad termina resultando entrañable.
Rambaldi: la isla de Alias
Milo Rambaldi es el elemento más diferencial de Alias. A su vez, es el más inverosímil -sí, más que todo el tema de espionaje de acción- Por ello, es el que más obliga a aceptar sus reglas.
Al principio resulta bastante sugerente: Rambaldi fue un inventor del Renacimiento que dejó escritos, diseños y artefactos repartidos por distintos lugares del mundo. Algunos parecen simples curiosidades históricas, pero poco a poco vamos descubriendo que había anticipado tecnologías y conocimientos que la humanidad tardaría siglos en desarrollar.
El problema estriba en cómo escala todo el asunto.
Primero los protas encuentran una pieza. Esa pieza sirve para interpretar otro documento. Después varias piezas se relacionan entre sí y la serie saca conclusiones poco razonables.
La serie juega con ideas relacionadas con comunicaciones, criptografía, energía, regeneración y otros avances científicos, hasta que la frontera entre inventor extraordinariamente adelantado, viajero del tiempo y profeta empieza a ser bastante difusa.
Hay momentos en los que Rambaldi es tan preciso y parece haber previsto tantas cosas que resulta difícil encontrar una explicación mínimamente convincente de cómo pudo conseguirlo hace siglos. Vamos, como la isla de Perdidos.
Como allí, Alias tampoco llega a cerrar del todo la cuestión, así que al final tienes que aceptar que forma parte del juego.
A mí me compensa porque la mitología tiene un planteamiento que me resulta atractivo y diferencia a la serie tenga de cualquier otra producción de espionaje, pero Rambaldi va ganando tanto peso que llega a eclipsar al resto de elementos. Y, con una base tan poco sólida o explicada, pues no ayuda.
Una serie hija de su tiempo
El paso de los años se nota bastante en Alias. La parte técnica no puede competir con una gran producción actual y algunas escenas de acción, efectos y decisiones visuales tienen claramente más de veinte años.
Los disfraces de Sydney son un ejemplo perfecto. Forman parte del encanto de la serie y algunas caracterizaciones son graciosas vistas ahora, pero también ayudan a darle variedad visual a las misiones.
Además, Jennifer Garner consigue salir bastante bien parada de prácticamente cualquier peluca, vestido o estilismo que le planten delante.
En general creo que Alias será más fácil de apreciar para alguien que haya crecido con este tipo de televisión. Un espectador joven acostumbrado a producciones actuales más pulidas puede encontrarse una serie técnicamente más limitada y con recursos narrativos que hoy se utilizan de otra manera.
Pero también puede encontrarse algo que echo de menos en muchas producciones modernas: una personalidad muy clara.

Lo mejor de Alias
Sin duda, los personajes. Sydney sostiene la serie con bastante facilidad y a su alrededor Jack, Vaughn, Sloane o Marshall tienen suficiente personalidad para que te importen.
Las relaciones entre ellos también están bien llevadas. Hay química, conflictos familiares, amistad, romance y lealtades que cambian, pero las decisiones tienen consecuencias. Eso ayuda mucho a sostener el componente de culebrón.
También me gusta la mezcla de géneros y su equilibrio, que ayuda a que el ritmo sea otro punto fuerte. Siempre hay varias tramas interesantes corriendo en paralelo: secretos que descubrir, misiones nuevas, relaciones que cambian o la última locura de Rambaldi. Cuando una trama concreta interesa menos, gracias a las demás, sigues teniendo motivos para continuar.
Lo peor de Alias
Su mayor problema es que casi todo está llevado demasiado lejos.
Sydney es demasiado buena en demasiadas cosas.
Jack parece demasiado capaz de hacer cualquier cosa.
Sloane está demasiado obsesionado.
Sydney y Vaughn tienen demasiada química.
Rambaldi sabía demasiado y lo sabía con demasiada precisión.
Y las conspiraciones, naturalmente, nunca pueden ser pequeñas.
Eso hace que Alias funcione muy bien como divertimento, pero también limita bastante hasta dónde puedes tomártela en serio.
Con algo más de contención creo que habría ganado mucho. Si hubiera habido menos, conflictos podrían haber tenido más peso, ciertas revelaciones resultarían más creíbles y Rambaldi no necesitaría poner a prueba la suspensión de incredulidad tantas veces.
Conclusiones
Volver a ver Alias hoy permite comprobar dos cosas.
La primera es que sigue siendo tremendamente entretenida. La segunda es que J. J. Abrams ya tenía bastante claras muchas de las herramientas que después llevaría mucho más lejos con Perdidos.
Los cliffhangers, los misterios que crecen, los capítulos que comienzan por el medio, la mitología, las conspiraciones y la importancia de las relaciones personales ya estaban aquí.
También estaban sus excesos.
Alias mezcla tantas cosas y las lleva tan lejos que cuesta tratarla como una serie seria. Si empiezas a tirar, acabas encontrando agujeros, con explicaciones que no sostienen muchas preguntas.
Funciona mejor aceptando que estás ante una serie de aventuras pasada de vueltas, con personajes carismáticos y una identidad que sigue siendo reconocible más de veinte años después.
Con algo más de contención sería una serie mejor. Pero por el camino, también dejaría de ser Alias.
Ficha técnica de Alias
| Dato | Información |
| Título | Alias |
| Creador | J. J. Abrams |
| Estreno | 30 de septiembre de 2001 |
| Final | 22 de mayo de 2006 |
| Temporadas | 5 |
| Episodios | 105 |
| Cadena original | ABC |
| Género | Espionaje, acción, thriller, drama y ciencia ficción |
| Protagonista | Jennifer Garner |
| Personaje principal | Sydney Bristow |
| Producción | Bad Robot / Touchstone Television |
| Duración aproximada | 42-45 minutos por episodio |
Nota
Para quien es
✔️ Para quien disfrute con las series de aventuras, sobre todo si tienes más de 35 años y creciste viendo este tipo de series.✔️ Para quien disfrute del estilo de J. J. Abrams.
✔️ Para quien prefiera carisma a realismo.
Para quien NO es
❌ Para quien busque una serie realista, o, al menos, verosímil.❌ Para quien quiera una producción con el acabado técnico de una serie actual.
❌ Para quien no soporte el melodrama.
Preguntas frecuentes
¿De qué trata la serie Alias?
Alias sigue a Sydney Bristow, una agente que descubre que la organización secreta para la que trabaja no es lo que creía y comienza a colaborar como doble agente para intentar desmontarla desde dentro.
¿Cuántas temporadas tiene Alias?
Alias tiene cinco temporadas y 105 episodios, emitidos originalmente entre 2001 y 2006.
¿Quién creó Alias?
La serie fue creada por J. J. Abrams, varios años antes de Perdidos.
¿Alias se parece a Perdidos?
Son series diferentes, pero comparten recursos como los cliffhangers, los grandes misterios, las conspiraciones, los arranques in medias res y una mitología que se vuelve cada vez más importante.
¿Quién es Rambaldi en Alias?
Milo Rambaldi es un inventor ficticio del Renacimiento cuyos escritos y artefactos parecen anticipar avances científicos y tecnológicos con siglos de antelación.
¿Alias es ciencia ficción?
Empieza principalmente como una serie de espionaje y acción, aunque progresivamente incorpora suficientes elementos científicos y fantásticos como para acercarse claramente a la ciencia ficción.
¿Ha envejecido bien Alias?
Sigue siendo muy entretenida, pero estética y técnicamente se nota bastante que pertenece a principios de los 2000.
¿Merece la pena ver Alias hoy?
Sí, especialmente si disfrutas con las aventuras, los personajes carismáticos y el estilo de J. J. Abrams. Si estás acostumbrado únicamente a producciones actuales, probablemente necesites aceptar primero que su lenguaje televisivo pertenece a otra época.

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